Un Ferrari sin gasolina
Desde una óptica de oportunidades de negocios, es como tener un Ferrari en la puerta y no tener dinero para cargarle gasolina.
Mucho se discute por qué las pequeñas y medianas empresas no aprovechan las condiciones que otorgan la infinidad de acuerdos y tratados comerciales que hemos suscrito con países y bloques económicos en el mundo. A mi modesta opinión, no tiene que ver mucho con la capacidad de generación de negocios de nuestros empresarios, ni menos con los costos de las comunicaciones, sino que para hacer negocios se requiere mucho más que tener un buen producto… es necesario entender las culturas, conversar, mirarse a la cara, sentarse a una mesa, saber leer entre líneas e identificar oportunidades… pero sobre todo, construir confianzas y cultivar relaciones de largo aliento.
Nada de lo anterior se puede hacer sin una habilidad básica… poder comunicarse.
La pregunta es si este problema lo resolvemos enviando a nuestros empresarios a cursos intensivos de inglés… a lo mejor algo se consigue, pero no tengo mucha fe en una iniciativa como esa… son muchos los millones al año que se gastan en franquicia tributaria de capacitación en cursos de inglés con un casi nulo resultado.
Le creo mucho más a políticas que han desarrollado diversas escuelas de negocios y universidades en el mundo… programas construidos con visión global. A este respecto, una anécdota:
Hace algunos años tocó el timbre de mi oficina un chico alemán de 24 años, quien venía a pedir una práctica laboral. Él estudiaba en una universidad en Londres y tenía como condición de egreso, el tener experiencia laboral en dos continente en el mundo…!
Éste tipo de políticas están inspiradas en una visión estratégica, prepararse para entenderse y comunicarse con el mundo. Es quizás lo que algunas culturas han tenido en su ADN conquistador y que para quienes hemos estado culturalmente al otro lado, nos resulta poco natural.
A este respecto, valoro la inspiración del programa de “Start Up”, que está desarrollando CORFO, el cual busca hacer fluir talentos emprendedores desde focos de innovación mundial hacia Chile. Más allá de los resultados económicos que este logre, el efecto cultural que se podría producir en nuestro ecosistema de innovación y emprendimiento puede ser una contribución concreta para relevar la necesidad de conectarse con el mundo.
Soy un convencido de que hoy en Chile tenemos las condiciones para hacernos cargo de este hándicap cultural… creo que es posible alinear los talentos públicos y privados para diseñar y ejecutar políticas de globalización temprana de nuestros emprendedores… ¿por qué no incluir en los diseños de incubación de empresas un incentivo explícito para los emprendedores que logren operaciones comerciales fuera de Chile… y del doble si es en un país que no sea hispanoparlante?




